Solidaridad de Cataluña con Japón

Posteado el marzo 29th, 2011 en Asia,Catalunya - Europa,Japó,Presentació,Publicacions / Publicaciones por Jaumegine

El 11 de marzo las televisiones de todo el mundo mostraron en directo las tremendas imágenes de un gran tsunami que arrasaba todo a su paso, las vidas y los bienes de una extensa región del noreste del Japón. 20 días después, la alerta nuclear en la central de Fukushima sigue amenazando el país. El “factor nuclear” sitúa la crisis en una peligrosa y dramática dimensión, aún de imprevisibles consecuencias. Hoy preocupa no tanto la grave situación económica provocada como la plena seguridad de los millones de personas que viven no lejos de los focos que irradian radioactividad. Y ocurre en un país que sufrió en 1945 los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki. 65 años después, el recuerdo de aquel trauma sigue vivo en la memoria de los japoneses.

 

Ha impresionado la serenidad, la disciplina y el civismo con que reaccionó el pueblo japonés ante tan fuerte sacudida. Y saben contener con gran entereza y dignidad el dolor infligido. Las últimas cifras oficiales contabilizaban unos 11.000 muertos, otros 17.000 desaparecidos y decenas de miles de desplazados obligados a abandonar la extensa zona devastada. Ante tal catástrofe, los valores colectivos han primando en todo momento sobre los egoísmos individuales. No se han visto reacciones individuales fuera de lugar, solo ejemplos de solidaridad colectiva y familiar. Ninguna escena de pánico o pillaje. Asimismo, los millones de ciudadanos del área de Tokio reaccionaron solidariamente ante las incertidumbres y otros problemas energéticos o logísticos. Y se esforzaron para ayudar a normalizar la situación reanudando, en la medida de lo posible, la actividad laboral en las empresas y los servicios. Toda una gran lección para los occidentales que disfrutamos y exigimos nuestros derechos individuales pero obviamos a menudo nuestros deberes colectivos. Los japoneses no esperaron que un Estado-providencia omnipresente le resuelva inmediatamente todos los problemas. Ante la fatalidad reaccionaron con responsabilidad y coraje sumando voluntades y esfuerzos colectivos.

 

Las instituciones japonesas se han visto desbordadas por la magnitud de la tragedia. Incluso el emperador Akihito, de forma solemne y por primera vez desde que accedió al trono, se dirigió a los japoneses para compartir con ellos el dolor y la consternación existente. El país estaba preparado para soportar grandes terremotos. Es evidente que no se preveyeron los posibles efectos directos de un gran tsunami sobre las centrales nucleares sitas en la  zona costera. Un análisis que harán los expertos. Tampoco es el propósito de este artículo analizar las responsabilidades políticas que se derivarán de la crisis. Pero esta tragedia  marcará un antes y un después también para la política japonesa. Se abrirá una nueva etapa en la historia contemporánea de Japón.

 

Japón es un gran y milenario país que en estos momentos tan dramáticos, merece nuestro reconocimiento y estima. Es una sociedad democrática, culta y estable. Tras la Segunda Guerra Mundial el país se modernizó, cambió su piel pero no su alma. Tiene su base en una amalgama religiosa o filosófica donde se yuxtaponen el sintoísmo, el budismo, el confucionismo y, más recientemente, el cristianismo. Esto explica su singularidad social de difícil comprensión para los occidentales y todos aquellos que desconocen la cultura japonesa. 

 

La amenaza de un desastre nuclear en la central de Fukushima sigue agobiando al país. El primer ministro Naoto Kan calificó, el sábado 26 de marzo, la situación en Fukushima como muy grave, precaria e imprevisible. Japón afronta una dura prueba. Como ha ocurrido otras veces, la superará y saldrá reforzado de esta grave crisis.

 

Cataluña ha mantenido tradicionalmente unas estrechas relaciones institucionales, económicas y culturales con Japón. Se le admira por su voluntad de mantener con convicción y tenacidad su identidad nacional y cultural en un mundo cada vez más globalizado y trivial. También por su capacidad de innovación y creatividad. Y sobre todo por ha sabido mantener una gran cohesión social.

 

Desde Cataluña expresamos nuestra plena y sincera amistad y solidaridad con el pueblo japonés.

  Publicado en el Butllletí del Centre d'Estudis Jordi Pujol nº 248, el 29 marzo 2011

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Japón, de la resiliencia al consenso

Posteado el marzo 20th, 2011 en Asia,Japó,Presentació,Publicacions / Publicaciones por Jaumegine

La tragedia volvió a Japón tras el seísmo del 11 de marzo. Ya se están analizando las consecuencias económicas. Pero más allá de los valores financieros, debemos resaltar otros valores y actitudes, los de las personas afectadas dramáticamente por una crisis nuclear. Japón es un gran país. Como otros, vencedores o vencidos, ha cometido errores y horrores históricos. Inició una cruenta guerra en Asia-Pacífico que finalizó, los días 6 y 9 de agosto de 1945, con el bombardeo atómico de las poblaciones civiles de Hiroshima y Nagasaki. 65 años después, cuando el recuerdo de aquel trauma aun sigue vivo en su memoria, los japoneses están amenazados por otra catástrofe nuclear.

 

Tras su derrota en 1945, Japón renació de las cenizas. En 1946, promulgó una constitución democrática que estableció un régimen parlamentario y de libertades públicas. Se consagró el principio de la división de poderes y el imperio de la Ley, una novedad en un país de base confuciana. El país recuperó la autoestima colectiva y concentró sus esfuerzos a la reconstrucción. En 1964, los Juegos Olímpicos de Tokio confirmaron su irrupción internacional. Japón se modernizó y creció rápidamente hasta convertirse en solo dos décadas en la segunda economía mundial y la primera asiática.  Recuperó su potencial económico pero no ha  dispuesto de la capacidad de maniobra para desarrollar una diplomacia independiente. Fue considerado un gigante económico pero también un enano político en la escena internacional. Tras entrar en las NNUU en 1956 llegó a ser su segundo contribuyente, apoyando a organismos financieros como el Banco Asiático de Desarrollo. Y es uno de los principales donantes de AOD en Asia y África. Japón colabora activamente con NNUU en la defensa de “los bienes públicos globales” como el fomento del desarme mundial, la lucha contra la proliferación nuclear, la protección internacional del medio ambiente, la seguridad alimenticia, etc. Japón es partidario de una reforma de las NNUU y aspira a ser miembro permanente de un Consejo de Seguridad ampliado. Pero sus justas pretensiones chocan con las reticencias políticas chinas. Alemania se reintegró internacionalmente en el seno de la Unión Europea. Pero no existe para Japón un marco institucional parecido en Asia Oriental.

 

Y cuando Japón gira su mirada hacia al continente asiático, observa como China surge como el nuevo gigante económico con vocación de liderazgo regional y global. Acoge una quinta parte de la población mundial. El año 2008 marcó un antes y un después para Pekín. Organizó unos exitosos Juegos Olímpicos, y contempló como EEUU caía en una profunda crisis financiera, que también golpeó a Japón y la UE. En 2010, China creció un 10,3% y se convirtió en la segunda economía mundial. El PIB de Japón creció un apreciable 3,9%. En este contexto tan dinámico, Japón con sus limitaciones constitucionales en el ámbito militar, su economía desacelerada y una población envejecida, no puede desarrollar un liderazgo político y económico en Asia Oriental. Además, Pekín y Tokio mantienen unas complicadas relaciones políticas debido a unas disputas territoriales, aún no resueltas. Pero la interdependencia económica crece sin cesar. China es, desde 2006, su principal socio comercial y el gran motor que permite seguir creciendo a la economía japonesa. Tokio necesitará aún más, tras el seísmo, contar con  la cooperación financiera y comercial china.

 La sociedad japonesa se modernizó pero no se occidentalizó plenamente. Cambió su piel pero no su alma. Ha mantenido con convicción su identidad nacional y cultural. Su amalgama religiosa y de pensamiento donde se yuxtaponen  el sintoísmo, el budismo, el confucionismo y el cristianismo, explican su singularidad, de difícil comprensión para aquellos que aún insisten juzgar a Oriente desde nuestros valores occidentales. En Japón priman los colectivos sobre los individuales. Son eficaces trabajando en equipo, aunque a veces y desde nuestra percepción occidental,  pecan de una falta de rapidez y agilidad a la hora de tomar algunas decisiones. Se acuerdan por consenso y se toman su tiempo a la hora de gestionar los temas. 

Japón es hoy una sociedad democrática, culta y estable. No tiene recursos naturales que se importan desde el exterior. Pero tiene uno básico: la calidad del pueblo japonés. Sigue impresionando observar la serenidad, la disciplina y el civismo con que reaccionó desde el primer día ante la catástrofe. Sus valores colectivos e individuales se acrecientan ante nuestros ojos cuando vemos o leemos como resisten la presión de una alerta nuclear. No se han visto reacciones individuales fuera de lugar, solo muestras de solidaridad colectiva y familiar.  Nunca se borrarán de nuestra memoria, además de las tremendas imágenes de la magnitud del desastre, la gran entereza del pueblo japonés.

 

Ahora solo resta esperar y confiar en que pronto se superen las amenazas nucleares que agobian a los ciudadanos. Japón padeció antes otros devastadores terremotos, el último en Kobe en 1995. Pero el “factor nuclear” sitúa esta crisis en otra dimensión, aún de imprevisibles consecuencias. Incluso cambiará la posición internacional sobre la energía nuclear.

 

Una vez superada la fase de alarma nuclear, Japón demostrará otra vez sus capacidades para trabajar colectivamente en la reconstrucción del país. Una tarea ingente que motivará y  movilizará otra vez a los japoneses. Se abrirá una nueva etapa histórica. Una gran oportunidad para mejorar sus instituciones políticas y económicas, abrirse más al exterior y, a la vez, mantener sus valores e identidad.  Japón puede y debe revitalizarse, reinventarse e incluso rejuvenecerse. Porque su principal amenaza no es exterior, sino interna. Debe corregir el bajo índice de fertilidad que provoca el alto envejecimiento de su población  que ya cuenta con un 21,5% de mayores de 65 años. El déficit demográfico frena el crecimiento, el consumo y el ahorro. Es imprescindible que el Gobierno de Naoto Kan del PDL y oposición política, el PLD, se sepan liderar y sumar esfuerzos colectivos. Japón también precisará, a corto plazo, de la cooperación financiera internacional. Deberá hacer definitivamente las paces con sus vecinos, China y Corea del Sur.

 

Japón es un gran país que merece nuestro reconocimiento y estima. Está pasando una durísima prueba. La superará. Debemos expresar nuestra solidaridad con el pueblo japonés.

  Publicado en La Vanguardia, el 20 marzo 2011

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La tragedia de Japón y la economía mundial

Posteado el marzo 19th, 2011 en Asia,Japó,Presentació,Publicacions / Publicaciones por Jaumegine

Hace una semana el primer ministro Naoto Kan comunicaba con emoción que debido a la devastación provocada por el seísmo y posterior tsunami, Japón afrontaba la peor crisis desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Unos días después, el emperador Akihito se dirigió solemnemente y por primera vez por televisión a los japoneses para expresarles su consternación ante la trágica amenaza de un desastre nuclear. El múltiple accidente nuclear en la central de Fukushima ha situado la crisis en una dimensión de incalculables consecuencias. Preocupa no tanto la grave situación económica como  la seguridad de millones de personas que viven no lejos de los focos que irradían  radioactividad. Una catástrofe nuclear en la tercera economía mundial agravará extraordinariamente la crisis, que tendría efectos globales.

 

La economía japonesa quedó prácticamente paralizada. El seísmo destrozó las infraestructuras, las industrias y los hogares de la región de Sendai. Pero los cuantiosos daños en varias refinerías y centrales nucleares multiplicaron los graves efectos del seísmo. Los cortes o las reducciones en el subministro energético colapsaron el buen funcionamiento de las infraestructuras de transporte del país, incluyendo los ferrocarriles, puertos y aeropuertos. Y las factorías de los grandes conglomerados industriales, del sector automóvil y electrónica y otros, pararon total o parcialmente su producción y las exportaciones japonesas a los mercados mundiales. Y la alerta nuclear agobió a la población del área de Tokio que ha demostrado una serenidad y entereza encomiables Esta área representa casi un tercio del PIB del país. Aunque la situación se empezó a normalizar en los últimos días, la incertidumbre es grande.

 

El Banco de Japón inyectó billones de yenes para evitar una súbita depresión económica. El indice Nikkei de la Bolsa de Tokio  se desplomó ante la huída de aquellos extranjeros que vendieron sus activos invertidos en empresas industriales y de servicios nipones. Estas perdieron más de 500.00 millones de euros en solo tres días. Pero, a la inversa, las urgencias financieras niponas obligarán a repatriar una parte significativa de los capitales invertidos por los japoneses en empresas extranjeras y en bonos del tesoro estadounidense, la UE, Brasil o en otros países. Una vuelta de capitales ahora necesarios para reconstruir el país que ha provocado una inmediata revalorización del yen frente a dólar y el euro. Ya ocurrió tras el terremoto de Kobe en 1995 cuando el yen se revalorizó un 15% respecto al dólar. Ahora se repite el caso.  Pero un alza significativa del yen perjudicará la competitividad de las exportaciones japonesas.

 

La crisis japonesa tiene, a corto plazo, unos efectos globales y regionales, financieros y económicos. Lo ocurrido en las centrales nucleares pondrá en tela de juicio el uso de la energía nuclear y obligará a buscar otras fuentes alternativas. Y, a corto plazo, presionará al alza el precio del petróleo, cuando los países productores del mundo árabe vive tiempos de gran tensión política. La factura energética podría encarecerse para todos aquellos países que dependen de las importaciones energéticas, como son Japón, Corea del Sur. Ahora. Tras el fallo de los reactores nucleares, Japón deberá importar mucho más. Rusia saldrá muy favorecida.

 

La crisis representa un duro golpe para las economías de Asia oriental, el principal motor del crecimiento mundial. Existe una gran intendependencia económica y comercial entre Japón, China, Corea del Sur y Taiwán. Los conglomerados japoneses tienen una parte substancial de la producción en aquellos tres países vecinos y sus filiales dependen de los suministros de los componentes de alta tecnología. Solo se producen en  las factorías del archipiélago. Incluso las empresas chinas, surcoreanas y taiwanesas precisan importar los productos de alta tecnología nipones, vitales para su producción manufacturera en el sector del automóvil y electrónica. Japón podría frenar o demorar, a corto y medio plazo, sus inversiones no solo en Asia., también en América Latina y África. También las empresas extranjeras establecidas o que comercian en Japón verán disminuir sus ventas en el mercado interior. Impactará en las exportaciones alemanas a Japón. El turismo emisor y receptor será otro de los directamente afectados.

 

Pero una vez superada la actual fase de emergencia, se iniciará una nueva etapa de reconstrucción del país, priorizando a las infraestructuras destrozadas o dañadas por el seísmo. También una gran oportunidad para las empresas extranjeras. El coste para Japón será enorme. Su economía se contraerá en los próximos meses debido a la reducción de la actividad económica pero remontará en el último trimestre del presente año. Hay que confiar en Japón y el pueblo japonés. Como otras veces, también superará esta trágica crisis.

Publicado en el diari ARA, el 19 diciembre 2011

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Les urgencias financieras de Japón

Posteado el marzo 16th, 2011 en Asia,Japó,Presentació,Publicacions / Publicaciones por Jaumegine

Japón ha sido otra vez brutalmente sacudido por las fuerzas de la naturaleza. Tras auxiliar a las miles de víctimas y familias afectadas por la tragedia, se impulsará la inmediata reconstrucción económica. Será una tarea ingente. La tragedia llegó en el peor momento para la economía. Tras dos décadas de lento crecimiento, el PIB creció un 3,9% en 2010, casi el doble que la media de la UE. Pero la economía sigue siendo muy dependiente del sector exterior pues la demanda interna no acaba de arrancar. La situación de las finanzas públicas es preocupante El déficit público se acerca al 10%. La deuda supera el 200% del PIB. Una situación manejable gracias a la elevada tasa de ahorro interno. El margen de maniobra para estimular la economía es estrecho con los tipos de interés a casi cero.

 

Ahora, el Gobierno de Naoto Kan deberá inyectar liquidez lanzando inmediatamente un plan económico y fiscal para reconstruir las infraestructuras, las industrias y los hogares afectados para paliar el impacto económico del desastre. En los primeros días se creyó que el impacto podría ser menor que el terremoto que en 1995 golpeó a Kobe, una ciudad situada en el centro geográfico e industrial del país. Esta vez, el epicentro del seísmo fue en la región de Tohuku, a 250 kilómetros al noroeste de Tokio, con menor peso económico. Sin embargo, también las infraestructuras de la conurbación de Tokio quedaron afectadas.

 

La sacudida afectará en mayor o menor medida a toda la economía japonesa. El seísmo paralizó totalmente la producción de muchas factorías como las de Toyota, Nissan, Suzuki, Honda, Sony, etc. que verán frenadas sus exportaciones. Sus filares en China deberán incrementar su producción. También afectó gravemente a varias refinerías y centrales nucleares lo que provocará un necesario incremento de las importaciones energéticas. Los 53 reactores nucleares del archipiélago aseguran el 35% de la producción eléctrica. Las urgencias financieras para la reconstrucción pueden obligar a Japón a repatriar una parte de los capitales invertidos en bonos del tesoro estadounidense y de la UE.  Además, a corto plazo, se demorarán los viajes de negocios o turísticos a Japón, mucho más mientras no se despejen las alertas nucleares.

 

Japón necesitará apoyo financiero internacional. Le urge contar, a corto plazo con liquidez. Tiene, tras China, las segundas reservas de divisas mundiales, en gran parte invertidas en el exterior. Cabe esperar una repatriación de capitales hoy situados en bonos del tesoro estadounidense y de la UE. Japón ha apoyado financieramente a la zona euro, destino del 10% de sus exportaciones. Ahora difícilmente puede adquirir deuda europea. En cambio, China quiere diversificar sus reservas de divisas extranjeras y podría incrementar la compra de bonos del tesoro japonés. Ya lo hacía desde el verano pasado. Pekín y Tokio mantienen unas relaciones políticas complicadas pero la interdependencia económica crece sin parar. China es, desde 2006, el primer socio comercial y el gran motor que permite que la economía japonesa siga creciendo. Las grandes empresas chinas intentarán otra vez, a pesar del recelo japonés, invertir en el archipiélago. Su objetivo no es tanto el mercado japonés como hacerse con la avanzada tecnología de las empresas niponas.

 

A los problemas económicos se suma una crisis política subyacente. El primer ministro Naoto Kan está políticamente debilitado. Perdió el control de la Cámara Baja en las elecciones legislativas del pasado julio. Además, afronta divisiones internas en su propio partido, el Partido Democrático de Japón (PD). Sin embargo, Naoto Kan es un hombre de acción, pragmático y con experiencia económica. El seísmo constituye una nueva oportunidad para demostrar a los japoneses que, tras superar la actual situación de emergencia, puede gestionar rápida y eficazmente la posterior fase de reconstrucción. Si lo logra, Naoto Kan recuperará la confianza del país en el liderazgo del PDL. En caso contrario, se acelerará la vuelta al poder del Partido Liberal Democrático (PLD) que gobernó casi ininterrumpidamente el país desde 1955 hasta agosto de 2009.

 

Debemos confiar en las capacidades de Japón para reaccionar y superar los golpes, incluso los de la naturaleza. Su historia lo corrobora. Es la tercera economía mundial y la segunda asiática. Y una sociedad democrática, culta y estable. El país no tiene recursos naturales pero tiene uno que es básico: el pueblo japonés. La serenidad y disciplina con las que reaccionó ante el seísmo demuestra su alto sentido cívico y colectivo. Volverá a superar esta crisis.

 

 Publicado en el diari ARA, el 16 marzo 2011

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